Recordando el Genocidio Armenio 106 años después

 

RECORDANDO EL GENOCIDIO ARMENIO, UNA DE LAS MAYORES MASACRES DEL SIGLO XX Y PRELUDIO DEL HOLOCAUSTO

 

El 24 de abril se celebra el día internacional en recuerdo de las víctimas del genocidio armenio, en que casi dos millones de armenios fueron asesinados y aniquilados en un plan deliberado y puesto en marcha por las autoridades turcas de entonces. Pese a todas las evidencias históricas y que el hecho fue una de las mayores masacres del siglo XX, Turquía sigue negando los hechos.

 

por Ricardo Angoso

 

“Si nosotros callamos, ¿quién hablará?»

Primo Levi, sobreviente de Auschwitz

 

Hace seis años el mundo entero recordó el centenario del genocidio armenio perpetrado por los gobernantes turcos de la época, un evento que se celebró en el año 2015, y que rindió tributo a los casi dos millones de armenios asesinados brutalmente. Conviene recordar que Turquía, al día de hoy, todavía no ha reconocido los trágicos hechos que se sucedieron entre 1915 y 1923 y sigue negando el genocidio perpetrado vilmente. Incluso ha llegado a organizar una conferencia internacional negacionista para mayor escarnio a las víctimas.

 

El 24 de abril de 1915 es el día que se considera que comenzó este genocidio organizado a gran escala, aunque las matanzas comenzaron unos años antes, como a finales del siglo XIX, en que ya se cometieron las primeras matanzas contra las comunidades armenias. Las principales responsabilidades de estos bárbaros y criminales hechos recaen en el gobierno de los Jóvenes Turcos, que acabaron con el Imperio Otomano, y que eran liderados por el padre de la patria turca, Mustafá Kemal Atatürk. Uno de los grandes inspiradores del genocidio armenio, por no decir su ideólogo y estratega principal, fue Enver Pasha, un general frustrado que culpó de sus derrotas militares a manos de los rusos a los armenios.

 

Sin embargo, las primeras matanzas contra los armenios, pero también contra los griegos, se produjeron durante el periodo de agonía y ocaso del Imperio Otomano, entre 1894 e incluso antes, según algunas fuentes, y 1915. La población armenia podía llegar a contar en aquella época entre 2,5 y 3,0 millones y estaba repartida por todo el territorio de lo que es la actual Turquía, pero especialmente en la zona fronteriza de este país con la actual Armenia. Esta región, actualmente el Kurdistán no reconocido por Ankara, es lo que se conoce como Armenia Oeste. En esta parte del mundo, casi inaccesible por la represión que ejerce el ejército turco sobre la minoría kurda y por el cierre de la frontera con Armenia, ya no quedan apenas armenios y los que quedan “turquizaron” sus nombres. La minoría armenia de Turquía en la actualidad no llegaría ni a los 50.000 miembros.

 

De lo que un día fue un país armenio sólo quedan las ruinas, los viejos cementerios abandonados, muchos de ellos profanados, y las ruinas de las viejas iglesias y monasterios. Los turcos borraron toda huella de la cultura milenaria de los armenios porque aquello de lo que no se conserva ni siquiera un fósil, es que realmente parece no haber existido nunca, tal como sigue pretendiendo Ankara.

Mientras el mundo poco a poco ha ido reconociendo este genocidio como un episodio histórico tan solo comparable al Holocausto de los judíos durante el nazismo, Turquía hace la vista gorda y, en un ejercicio de descarado revisionismo, incluso lo niega y argumenta que los millones de armenios muertos lo fueron durante los conflictos que asolaron al territorio turco durante la primera gran contienda mundial. Qué ignominia.

 

Según las fuentes históricas, absolutamente rotundas y contundentes al efecto, murieron entre 1,5 y 2 millones de armenios. Muchos fueron asesinados vilmente; otros, salvajemente torturados, incluso quemados vivos, y una buena parte de esas víctimas anónimas también las ocasionaron las caravanas de la muerte en las que eran expulsados los armenios que vivían en territorio sirio. Aparte del maltrato dado por las autoridades y fuerzas de seguridad turcas, muchos armenios murieron a causa del hambre, las enfermedades, la sed, las epidemias y la extenuación después de andar centenares de kilómetros en condiciones extremas tras ser expulsados de sus ciudades, pueblos y aldeas. Las violaciones masivas de las mujeres armenias, incluso niñas y ancianas de avanzada edad, a manos de los soldados turcos estuvieron al orden del día.

 

EL SILENCIO DE TURQUÍA ANTE EL GENOCIDIO ARMENIO

Al día de hoy, pese a que todas las evidencias, fuentes diplomáticas y crónicas históricas corroboran este horror del que fue –seguramente– el primer genocidio de la historia, el Ejecutivo de Ankara sigue negando estos hechos, y Turquía, oficialmente, tampoco reconoce el genocidio. Pretende presentar a estas víctimas como fruto de los conflictos que se vivieron en el país durante y después de la Primera Guerra Mundial.

 

Sin embargo, decenas de países del mundo, entre los que destacan Argentina, Bélgica, Brasil, Grecia, Francia, Rusia, Holanda, Uruguay, Venezuela, Chipre, numerosos estados de los Estados Unidos, gobiernos regionales y locales de todo el planeta y muchos más en una lista interminable, han reconocido el genocidio armenio y estuvieron presentes en las ceremonias organizadas por Armenia, en el 2015, para rendir homenaje a las víctimas de esta gran matanza, que ya no se puede ocultar. No olvidemos que la nueva República de Turquía que fundara Atatürk, en 1923, se asentaba en un proyecto de turquización de las poblaciones no turcas que vivían en el país y que contemplaba, sin ningún rubor, la limpieza étnica de aquellos territorios, poblados por armenios, griegos y cristianos.

 

El centenario del genocidio armenio hubiera sido un buen momento para que Armenia y Turquía se hubieran reconciliado, aceptado la realidad histórica y puesto fin a una controversia que no beneficia, en nada, a los turcos, pero no fue así y Ankara prefirió mirar para otro lado. Si Turquía hubiera reconocido el genocidio, algo que parece un asunto tabú en la política exterior e interior turca, las cosas hubieran sido más sencillas para propiciar ese necesario acercamiento entre ambos pueblos y haber puesto las bases para propiciar la seguridad y estabilidad en el Cáucaso, una región en la que todavía quedan muchos conflictos por resolver.

 

CLARA RESPONSABILIDAD TURCA EN EL GENOCIDIO

La responsabilidad de las autoridades otomanas, y después turcas, en estos hechos no admite discusión. Las primeras persecuciones y ejecuciones masivas de armenios comenzaron en 1890 y tuvieron como máximo responsable al sultán Abdul Hamid II, presentado en la prensa europea de entonces como el “carnicero de los armenios”, y terminaron aproximadamente en 1923. Hamid II, uno de los últimos sultanes otomanos, es considerado por numerosas fuentes como uno de los mayores instigadores de las matanzas de los armenios y griegos, pese a estar casado, paradójicamente, con una armenia.

 

Se crearon campos de concentración, se asesinó a mujeres, ancianos y niños desarmados e indefensos; se arrasaron los pueblos y se arrancaron hasta las cruces de los cementerios. Se trataba de borrar una cultura que había vivido en esas tierras durante centurias, y se pretendía que no quedaran los restos, las pruebas irrefutables de la presencia armenia, porque aquello de lo que no queda ni siquiera un fósil realmente podría no haber existido. Vivían en Turquía unos tres millones de armenios y dos terceras partes habrían sido asesinadas en el en el genocidio; el resto, aproximadamente un millón de armenios, salieron del país para siempre y conformaron la gran diáspora armenia que conocemos hasta el día de hoy.

 

Hay armenios en casi todas partes del mundo, pero las grandes comunidades, que mantienen con gran vigor la cultura, la lengua y la religión de este pueblo milenario, se encuentran ubicadas en Australia, Argentina, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Canadá, Irán, Jordania, Líbano, Polonia, Siria, Brasil, Bulgaria, Grecia y Chipre, principalmente. La diáspora, a falta de unos datos oficiales que cuantifiquen a estas poblaciones, está compuesta, como mínimo, por seis millones de armenios, y podría llegar, según otras fuentes, a los diez millones.

 

Para concluir, hay que destacar que en los días previos a la celebración del centenario de estos luctuosos hechos hace unos años el papa Francisco, en una audiencia pública, reconoció el genocidio armenio y el dolor causado por las autoridades turcas de entonces a dos millones de víctimas. La declaración, como era de esperar, provocó el enojo de Turquía, la retirada del embajador turco de la Santa Sede y las amenazas de Erdogan, quien le ha dicho al Papa que, como vuelva a cometer ese “error”, se va a enterar. Pero el Papa fue bien claro: “La humanidad ha vivido en el siglo pasado tres tragedias inauditas”, ha dicho. La primera, la que es generalmente considerada el primer genocidio del siglo XX, fue la del pueblo armenio. Las otras dos son el nazismo y el estalinismo”. La historia no se puede cambiar ni alterar en beneficio propio, tal como pretende Turquía. Hoy, como hace más cien años, las espadas siguen en alto y algunos siguen mostrando la misma falta de piedad de entonces. Qué tristeza.