¿Hacia otro genocidio armenio?

¿HACIA OTRO GENOCIDIO ARMENIO?

 

La guerra en el Cáucaso podría degenerar en otra gran matanza de armenios en la región, siguiendo la senda del genocidio perpetrado entre 1915 y 1922, en que fueron asesinados dos millones de personas de esta etnia bajo la responsabilidad de Turquía y sin que esta nación siga reconociendo al día de hoy tal hecho tan atroz

 

por Ricardo Angoso

 

La brutal agresión de Azerbaiyán contra Nagorno Karabaj -oficialmente República de Artsakh- ha puesto en el punto de mira, de nuevo otra vez en la historia, al pueblo armenio, que sufrió entre 1915 y 1922 a manos turcas uno de los mayores genocidios de la historia. Turquía, en aquellos días todavía el agónico Imperio Otomano, asesinó, persiguió y exterminó, en una plan premeditado, organizado y sistemático, a más de dos millones de armenios, una tragedia por la que oficialmente las autoridades de Ankara no han perdido perdón ni la han reconocido ante el mundo, a pesar de que numerosos países, Estados y naciones han hecho ya meción de la misma en numerosas declaraciones y resoluciones de carácter oficialmente.

 

Sobre lo que sucedió en estos días terribles he encontrado un testimonio que relata la crueldad de algunas de estas matanzas organizadas por los turcos escrito por la la diplomática inglesa Gertrude Bell, testigo que informaría, como tantos otros diplomáticos, a sus gobiernos de la barbarie de las autoridades turcas y acerca de lo que estaba ocurriendo en esos momentos en Turquía: » El batallón abandonó Alepo el 3 de febrero y llegó a Ras al-Ain en doce horas … unos doce mil armenios estaban concentrados bajo la tutela de unos cien kurdos que servían a los turcos… A estos kurdos se les llamaba gendarmes, pero en realidad eran simples carniceros; se ordenó públicamente a bandas de ellos que llevaran a grupos de armenios, de ambos sexos, a varios destinos, pero tenían instrucciones secretas para matar a hombres, niños y ancianas… Uno de estos gendarmes confesó haber matado a cien hombres armenios él mismo;… Las vacías cisternas y cuevas del desierto también estaban llenas de cadáveres». Turquía puede seguir negando el genocidio armenio, pero la cruda realidad y la verdad desnuda de los hechos le sigue condenando; lamentablemente para los responsables de estos horrendos crímenes la historia siempre prevalecerá frente a la mentira oficial.

 

La reciente guerra de estos días por parte de los azeríes contra los armenios de Nagorno Karabaj, atizada, alimentada y secundada por Turquía, principal aliado de Azerbaiyán en la escena internacional, vuelve a poner de actualidad la gran tragedia del genocidio armenio y hace presagiar lo peor para este pueblo, que está ahora siendo atacado, bombardeado y agredido con armas suministradas por los turcos a sus sempiternos enemigos.

 

LA DISPUTA POR NAGORNO KARABAK, LA RAZÓN DE LA GUERRA ENTRE ARMENIOS Y AZERÍES

Nagorno Karabaj, un pequeño enclave de 4.000 kilómetros cuadrados entregado a Azerbaiyán en la época soviética, en 1921, es un territorio poblado mayoritariamente por armenios y que fue dejado en manos azeríes durante años en contra de cualquier criterio étnico, político o territorial hasta que, en 1991, cuando implosiona la Unión Soviética, las autoridades armenias deciden independendizarse de Azerbaiyán. Bakú nunca aceptaría la secesión pacífica de este territorio y perpetró una serie de matanzas contra los armenios; Azerbaiyán tiene un largo historial en violaciones de los derechos humanos y en matanzas organizadas de armenios, como la de Sumgait, en 1988, y la de Bakú, en enero de 1990, y ha sido condenada por numerosas organizaciones internacionales por tener un largo y oscuro historial en esta materia.

 

Los azeríes, siempre apoyados por Turquía, comenzaron una guerra contra Armenia, que apoyaba la independencia de Nagorno Karabaj y en la fueron derrotados con rotundidad y contundencia, perdiendo miles de hombres y el territorio de Nagorno Karabaj quizá para siempre. En esa guerra, que se desarrolló entre 1992 y 1994, Azerbaiyán también perdió aproximadamente otros 6.000 kilómetros cuadrados que sirven para comunicar a Armenia con el territorio independizado a través del corredor de Lachín. El cruento conflicto le costó a este país la pérdida de, aproximadamente, el 10% de su territorio, unas 30.000 víctimas mortales y provocó un éxodo masivo en estas zonas ocupadas de entre 600.000 y 800.000 refugiados azerís, amén de la destrucción material y económica para el país.

 

Azebaiyán, tras haber sido humillada y habérsele sustraído una buena parte de su base territorial, se ha armado notablemente en los últimos años, aprovechando su bonanza económica a merced de su potente industria petrolera y sus buenas relaciones con Rusia, Turquía e Israel, y está preparada para la guerra. Los azeríes han comprado en los últimos años helicópteros T129 turcos, aviones F-16, 36 sistemas Smerch rusos, varias baterías de Polonez bielorrusas, 21 T-300 Kasirga turcos y misiles balísticos israelíes LORA, un ingente material listo para una guerra quizá de larga duración y destinada a recuperar unos territorios que siempre ha considerado suyos, aunque le fueran entregados injustamente y sin ningún criterio racional en los años veinte del siglo pasado.

 

¿Quién tiene razón en esta guerra? En estos largos años, entre 1994, en que se pone el fin a la guerra tras la mediación de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), y la guerra comenzada en estos días por las fuerzas de Azebaiyán, todas las tentativas por solucionar este conflicto, como  la conocida como Grupo Minsk, copresidido por Rusia, Francia y Estados Unidos, y las iniciativas de Moscú -único actor con capacidad de influir sobre los dos actores-, han fracasado y Azerbaiyán solamente acepta la devolución de todos los territorios sin condiciones previas, algo que Armenia nunca aceptará dados los trágicos antecedentes descritos y que por razones políticas y humanas no puede aceptar bajo ningún concepto.

 

Para las autoridades de Nagorno y Karabaj, cuya capital es Stepanakert, la solución al problema pasa por el reconocimiento internacional de esta entidad -algo que todavía no han conseguido-, mientras que para Azerbaiyán la resolución política al conflicto pasa por la restitución territorial de toda la república en disputa a manos azeríes. Al día de hoy, como ha ocurrido con los anteriores casos, la República de Nagorno Karabaj es un “Estado” no reconocido internacionalmente con su bandera, sus símbolos patrios y sus autoridades elegidas democráticamente.  La Unión Europea (UE) nunca ha reconocido a este territorio y sigue manteniendo mucha cautela, quizá para no irritar a Ankara y enfriar las relaciones con Turquía aun más.

 

En aras de que se no se vuelva a repetir un genocidio armenio, la única salida a este contencioso es la vía política y pasa por una negociación entre las dos partes sin condiciones previas, algo que en las actuales circunstancias, parece muy difícil dada la injerencia de Turquía en el conflicto, que ya ha llegado incluso al extremo de derribar un avión SU-25 de Armenia y que pide que la escalada militar continúe sin importarle atizar el fuego en el Cáucaso. Turquía, bajo la errática conducción de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, y en plena deriva del expansionismo imperial neo otomano, podría seguir embarcada en esta aventura guerrerista como maniobra de distracción  ante su opinión pública, dada la adversa situación económica y sus pésimas relaciones con casi todos sus vecinos. En apenas unos años, bajo la batuta de Erdogan, Turquía ha perdido su prestigio en el exterior, habiéndose granjeado la enemistad de casi toda la UE, pero especialmente de Chipre, Francia y Grecia, los Estados Unidos e Israel, e involucrándose peligrosamente en los conflictos de Siria y Libia, donde paradójicamente lucha contra los aliados de Rusia en ambas guerras, ahora su «nuevo mejor amigo». Quizá sin la ayuda y presión de las grandes potencias, pero especialmente Rusia y los Estados Unidos, envueltos ahora en plena campaña electoral, la guerra probablemente seguirá su curso, mientras que los temores de los armenios son certeros y no hay motivo de tomarlos a la ligera. Las espadas siguen en alto, ¡atentos!

 

 

Ricardo Angoso es presidente del Foro Ideas para la Democracia