Guerra en Nagorno Karabaj

LOS ORIGENES DEL CONFLICTO ENTRE ARMENIA Y AZERBAYAN POR EL ENCLAVE DE NAGORNO KARABAJ

por Ricardo Angoso

El pequeño enclave de Nagorno Karabaj, en manos armenias, es la razón de la guerra entre estos dos países antaño repúblicas soviéticas. Este territorio, defendido por los armenios, disputado por Azerbaiyán y olvidado por el resto del mundo, es una región pobre y abandonada en el sur del Cáucaso  que se debate entre la guerra y la paz desde hace más de veinticinco años años. 

Pese a todo, el conflicto tiene una trasfondo geoestratégico de hondo calado, pues Armenia es una tradicional aliado de Rusia y Azerbaiyán, por el contrario, de Turquía, las dos grandes potencias que han rivalizado por el control de esta zona del mundo durante siglos.

Esta pequeña república de Nagorno Karabaj, de apenas algo más de 4.000 kilómetros cuadrados, fue integrada en contra de cualquier racionalidad étnica y política a la entonces república soviética de Azerbaiyán en el año 1921. Entonces era un pequeña entidad política poblada mayoritariamente por los armenios, pero, tras pasar a manos azeríes, poco a poco, a través de una paulatina limpieza étnica, se fue alterando su censo para que la identidad armenia quedara diluida en una suerte de realidad multiétnica. 

En los años de dominio soviético, los dirigentes armenios solicitaron en varias ocasiones -1963, 1965 y 1966- una revisión sobre el asunto de la “anexión” de Nagorno Karabaj por parte de Azerbaiyán, sin que sus demandas fueran escuchadas por la dirigencia de la extinta Unión Soviética. El asunto, además, se puso de nuevo sobre la mesa cuando se discutía la nueva constitución de la URSS, en 1977, y tampoco se le dio un tratamiento adecuado que ayudara a solucionar el contencioso entre armenios y azeríes, destinado a estallar años más tarde como se vería.

Los azeríes se multiplicaron por cuatro desde 1921 hasta 1988, mientras que la población armenia se mantuvo. Hoy viven 150.000 armenios en este territorio que está unido, a través de un corredor estrecho -Luchín-, con la República de Armenia, mientras que la mayor parte de los azeríes se refugiaron en Azerbaiyán tras las sucesivas guerras. 

 

Coincidiendo con la “perestroika” impulsada por Mijail Gorbachov, a partir de 1988 comenzaron las tensiones entre azeríes y armenios. Azebaiyán siempre ambicionó anexionarse este territorio e impulsó una política, a veces violenta, de repoblar con azeríes esa zona que consideraba como suya y hacerles la vida imposible a los armenios. En 1988, varios líderes locales del Oblast (región)de Nagorno Karabaj solicitaron formalmente y por escrito al Soviet Supremo de la Unión Soviética -el órgano de más alto rango de la URSS- la transferencia de Nagorno Karabaj de la República Socialista de Azerbaiyán a la República Socialista de Armenia, siendo desoídas sus demandas y dando paso a un periodo de gran inestabilidad política y persecución étnica, sobre todo, dicho sea de paso, por parte de Azerbaiyán.

En diciembre de 1989, los órganos regionales de Armenia y Nagorno Karabaj llaman a la unión de ambos territorios en una misma entidad política, demanda que nuevamente  fue rechazada por las máximas autoridades soviéticas, que todavía seguían aferradas a la imposible unión de todo el “imperio”, y la tensión nacionalista iba en aumento entre las partes.

Entre 1988 y 1990, las autoridades armenias reportan la expulsión de unos 500.000 armenios del territorio azerí, incluyendo aquí a Nagorno Karabaj, y también denuncian el famoso pogromo (matanza) de Bakú, capital de Azerbaiyán. En el mismo, acontecido entre 6 de enero y el 19 del mismo mes del año 1990, miles de armenios fueron expulsados de la ciudad, con la complacencia de las autoridades locales y sin la intervención de los cuerpos y fuerzas de seguridad, y otros centenares  asesinados sin piedad.

«Nadie habría puesto fin a los pogromos de armenios en Bakú, aunque hubieran 11 mil soldados de las tropas internas de la ciudad. Nadie iba a intervenir hasta que se llevase a cabo la limpieza étnica. Los pogromos fueron sucediendo no en un lugar aislado, sino en la enorme capital, en los bloques de pisos. En una megalópolis como Bakú la gente simplemente no puede llevar a cabo operaciones específicas así. Cuando los instigadores del pogromo deciden ir de un distrito a otro o de un apartamento a otro, significa que habían recibido las direcciones y que tenían un coordinador», aseguraba, con  firme certeza, el campeón mundial de ajedrez, Garry Kasparov—natural de Bakú— y su familia —azerí de origen armenio—.

Fruto de estas convulsiones, y ya en un momento de clara descomposición del poder soviético, en 1991 se declaró la independencia de este territorio por parte de las autoridades locales y comenzó una guerra abierta entre Azerbaiyán y los armenios de Nagorno y Karabaj -Artsaj para los armenios, nombre que se refiere a la décima provincia de la Armenia histórica-, que todavía sigue abierta y supurando sus heridas.

 

El conflicto se extendió entre 1991 y 1994, en que se adoptó un endeble alto el fuego, y estuvo caracterizado por varias matanzas y expulsiones masivas de armenios por parte de Azerbaiyán, especialmente en las ciudades de Bakú y Sumgait, y una clara superioridad de las fuerzas armenias sobre el terreno que consiguieron derrotar claramente a los azeríes, logrando, de facto, la independencia de la República de Nagorno Karabaj y la ocupación de un corredor de unos 6.000 kilómetros cuadrados que comunica a este territorio con Armenia a través del citado corredor de Luchín. Legalmente, las autoridades armenias y de este pequeño enclave arguyen que su legitimidad política reside en el hecho de que en diciembre de 1991, cuando ya la URSS había colapsado e implosionado, habían celebrado un referéndum a favor de la independencia de Nagorno Karabaj, en el que participó un 82,2%  del censo electoral y más del 99% del mismo se manifestó a favor.

A partir de ese momento, las espadas entre las dos partes se levantaron y el conflicto estaba servido sobre la mesa. En enero de 1992, la guerra entre los separatistas, o los armenios de Nagorno Karabaj, y Azerbaiyán, a pesar de los intentos de la comunidad internacional por evitar el choque de trenes, estalló aunque nunca oficialmente y las hostilidades entre ambas partes, incluyendo violaciones de derechos humanos y matanzas de civiles, degeneró en una confrontación, en que, sin lugar a dudas, la peor parte se la llevaron los azeríes.

La guerra entre las fuerzas armenias y azerbaiyanas terminó en un alto el fuego en 1994 y con la rotunda victoria de Armenia, controlando la región de Nagorno-Karabaj y otros enclaves circundantes del territorio de Azerbaiyán a través del corredor de Luchín, casi 10.000 kilómetros de la base territorial de ese país -cerca del 10%-, incluyendo al disputado enclave en cuestión. La frontera entre ambos países está considerada como una de las más militarizadas del mundo, señala Laurence Broers, director del programa para el Cáucaso de la organización Conciliation Resources, enfocada en la construcción de la paz. (Fuente consultada y citada: https://www.theguardian.com/international).

 

En la guerra, murieron más de 3.000 personas, miles de armenios y  azeríes fueron desplazados y las consecuencias económicas fueron desastrosas para la región. El gobierno de Azerbaiyán, de corte dictatorial y condenado por varias instituciones internacionales, violó deliberadamente los derechos humanos durante la guerra y cometió numerosas atrocidades reportadas y documentadas. Desde entonces, reinaba la calma chicha en esta zona del mundo y los enfrentamientos, sobre todo atizados por Azerbaiyán, han estado al orden del día. Bakú necesita recuperar ese territorio por razones geoestratégicas y también para ganar el prestigio perdido en la escena internacional.

 

LA SITUACION ACTUAL DE ESTA PEQUEÑA REPÚBLICA

En la actualidad, pese a las tentativas por llegar a un acuerdo definitivo, las espadas siguen en alto y durante los últimos veinticinco años pasados hubo muchos incidentes armados en la frontera entre este territorio y Azerbaiyán, cuya principal responsabilidad cayó en manos de las autoridades de Bakú, que todo hay que decirlo consiguieron arrebatar a los armenios algunos kilómetros de este estratégico territorio. El asunto radica es que  Azerbaiyán considera vital recuperar este enclave, aunque el costo sea otra guerra con Armenia que seguramente no le saldrá gratis. 

Una de las tentativas de resolver este embrollo ha sido el conocido como Grupo Minsk de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), copresidido por Rusia, Francia y Estados Unidos y al que también pertenecen, junto con Armenia y Azerbaaiyán, Bielorrusia, Alemania, Italia, Suecia, Finlandia y Turquía. Fundado en 1992, cuando se atisbaban los primeros enfrentamientos entre las partes, ha intentando encontrar una solución pacífica para el conflicto, pero varias negociaciones para lograr un acuerdo de paz permanente han fracasado y la disputa continúa «congelada».

Para las autoridades de Nagorno y Karabaj, cuya capital es Stepanakert, la solución al problema pasa por el reconocimiento internacional de esta entidad -algo que todavía no han conseguido-, mientras que para Azerbaiyán la resolución política al conflicto pasa por la restitución territorial de toda la república en disputa a manos azeríes, algo que ni Armenia ni los armenios van a aceptar nunca. Al día de hoy, como ha ocurrido con los anteriores casos, la República de Nagorno Karabaj es un “Estado” no reconocido internacionalmente con su bandera, sus símbolos patrios y sus autoridades elegidas democráticamente.  La Unión Europea (UE) nunca ha reconocido a este territorio y sigue manteniendo mucha cautela, quizá para no irritar a Ankara y enfriar las relaciones con Turquía aun más. 

¿Por qué Azerbaiyán acaba de atacar a Armenia, precisamente en este momento, y ha desatado la más grave escalada bélica desde el año 1992? Tres son los elementos claves que dan respuesta a esta pregunta: en primer lugar, el régimen autoritario y condenado internacionalmente del presidente del país, İlham Əliyev, está ante su opinión pública absolutamente desacreditado y necesita una fuente de legitimidad política, aunque sea en clave nacionalista; la derrota de 1992-1994 todavía resuena en la conciencia nacional azerí y la humillante pérdida de Nagorno Karabaj ante los armenios sigue siendo motivo de vergüenza nacional y casi escarnio ante la grave afrenta sufrida por sus sempiternos enemigos; y, finalmente, Azerbaiyán, estratégicamente, necesita a esa región  para recomponer su antaño base territorial e intentar comunicar a la misma con su perdido enclave de Najicheván, aislado del mundo y de la nación azerí entre Armenia, Turquía e Irán. Ya en el año 2016, Azerbaiyán había lanzado una ofensiva para recuperar el territorio en disputa, en la conocida como la guerra de los cuatro días, y consiguió arrebatar un pequeño territorio, casi despoblado y sin gran valor estratégico, a Nagorno Karabaj.

EL PAPEL DE RUSIA Y TURQUIA EN LA CRISIS

En los últimos tiempos, ha crecido el temor en Ereván a que el principal aliado de Armenia en la escena internacional, Rusia, haya cambiado de posición y se muestre más cercano a las posiciones azeríes que armenias para congraciarse con Turquía, principal aliado de Azerbaiyán en la región y enemigo declarado siempre de Armenia. La diplomacia de Ankara sigue negando al día de hoy el genocidio armenio –unos dos millones de asesinados entre 1915 y 1921 a manos turcas-, mantiene cerradas sus fronteras con Armenia, apoya descaradamente a Azerbaiyán en su guerra contra Armenia y considera a Nagorno y Karabaj una suerte de “Estado pirata”.

Para el investigador norteamericano Jeffrey Mankoff, investigador del Institute for National Strategic Studies, existen varios peligros en esta grave crisis entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno Karabaj y residen en que el recurso al nacionalismo, por parte del máximo líder azerí y presidente del país, Ijiam Alíev, desborde a la opinión pública y le lleven a continuar una guerra popular para los azeríes y otra es el “factor desequilibrante” de Turquía, porque podría animar a los azeríes a mostrarse inflexibles ante los llamamientos a un alto el fuego, “aventando en Armenia el doloroso recuerdo de de las masacres a manos de las fuerzas otomanas de la época de la Primera Guerra Mundial”. 

Turquía, bajo la errática conducción de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, y en plena deriva del expansionismo imperial neo otomano, podría embarcarse en una aventura de este tipo como maniobra de distracción  ante su opinión pública, dada la adversa situación económica y sus pésimas relaciones con casi todos sus vecinos. En apenas unos años, bajo la batuta de Erdogan, Turquía ha perdido su prestigio en el exterior, habiéndose granjeado la enemistad de casi toda la UE, pero especialmente de Chipre, Francia y Grecia, e Israel, e involucrándose peligrosamente en los conflictos de Siria y Libia, donde paradójicamente lucha contra los aliados de Rusia en ambas guerras. 

Rusia tiene las manos atadas ahora frente a Turquía y tiene poco margen de maniobra en el Cáucaso, toda vez que tras la inauguración del gasoducto TurkStream, que proveerá de gas a una buena parte de los Balcanes y Europa del Este, Turquía se convierte en parte clave del sistema energético del continente con un corredor logístico que fortalece el rol de Ankara en este mercado y del que tiene la llave de paso. Pese a todo, para el investigador Mankoff, Moscú, aunque se muestra por ahora reticente a intervenir en el conflicto y mantiene buenas relaciones con las dos naciones, es la única  potencia capaz de obligar a ambas partes a sentarse a negociar, aunque Azerbaiyán se muestra reacia a dialogar después de numerosas tentativas fracasadas en la búsqueda de un acuerdo pacífico sobre la cuestión de Nagorno Karabaj con Armenia. Rusia, paradójicamente, vende armamento a los dos contendientes en liza.

Hoy, cuando las armas vuelven a resonar en el Cáucaso y la sangre de ambas partes se ha derramado, las alianzas vuelven a tomar su importancia, tanto porque Turquía, cada vez con más fuerza en la región y muy alejada de Occidente, sigue apostando fuerte a la carta azerí, mientras que Rusia mantiene intacto su apoyo a Armenia con respecto a sus demandas sobre Nagorno Karabaj y será un factor determinante en el conflicto. Turquía, al parecer, según asegura Armenia, ha enviado helicópteros T129 y aviones F-16 junto con algunos voluntarios para luchar mano a mano junto a los azeríes. La tensión sigue en alza en la región, el Cáucaso es un polvorín y lo que suceda allí tendrá consecuencias para todos sus vecinos. Atentos.