¿Crisis en el uribismo tras las elecciones locales y regionales?

¿Finales del uribismo tras la resaca electoral?

por Ricardo Angoso

 

La debacle objetiva y constatada del Centro Democrático en las últimas elecciones locales y regionales en Colombia tiene mucho que ver con la escasa aceptabilidad del actual inquilino de Casa Nariño, el presidente Iván Duque, el cuestionamiento del líder de esta formación y expresidente Alvaro Uribe -pendiente de resolver algunos contenciosos judiciales- y la escasa concreción programática e ideológica de un partido que es más una amalgama de partidarios del expresidente que una formación cohesionada y con principios ideológico. Pero el peso de Duque es muy grande en esta derrota, por mucho que el presidente y sus ministros no lo quieran asumir. “El malestar político de los uribistas frente a la administración de Iván Duque es evidente, y este resultado va a complicar más la situación de gobierno de su administración frente al Congreso”, asegura contundente el analista Jairo Librero. Y agregó que “quizá algunos del bloque uribista van a tratar de dar un paso al costado para evitar el desprestigio”, en clara alusión a la posible y anunciada salida -según se asegura desde algunos oráculos mediáticos de la capital colombiana- de la senadora Paola Holguin de esta formación política.

 

Duque está en el centro de la diana porque según el periodista y analista Fernando Londoño -afín al núcleo duro del uribismo-“elegimos presidente, pero no tenemos Gobierno” y tildó a la situación de “calamitosa”, debido, sobre todo, a la inseguridad general, que en su concepto está así porque “las calles fueron tomadas por los narcos con sus estructuras de microtráfico”. Otro uribista de pro, Ernesto Yamhure, arremetía también contra Duque en su cuenta de Twitter: “Hay que decirlo con todas sus letras: la debacle electoral de hoy, es una dolorosa cuenta de cobro al gobierno del presidente Duque. Es hora de hacer una reflexión e introducir cambios necesarios. Hoy, la izquierda tiene en su bolsillo la cuota inicial de la victoria en 2022”. Una página web cercana al uribismo, que responde al nombre de Los Irreverentes, hacía diagnóstico parecido a los dos anteriores en uno de sus editoriales:”El amargo resultado del 27 de octubre es el síntoma indiscutible del descontento ciudadano con el Gobierno Nacional, presidido por el doctor Iván Duque. El voto castigo sí existe, y ese se hizo sentir en las recientes elecciones”.

 

También se echa en falta un liderazgo de cara al futuro más allá de Uribe, puesto que sin su figura el Centro Democrático desaparecería en próximas convocatorias electorales. ¿Cuántos senadores obtendría el Centro Democrático sin Uribe? Cinco, seis máximo, su final sin su máximo líder y sin visualizarse un nuevo liderazgo dentro del partido es muy incierto. Hace tiempo que el Centro Democrático debería haber definido un equipo que sostuviera un liderazgo compartido -como en todos los partidos modernos- y haber abandonando el crónico caudillismo que gravita siempre sobre la política colombiana, siendo Uribe el ejemplo más paradigmático de esa tendencia tan acentuada en este país.

 

EL FRACASO DE UN PROYECTO POLÍTICO

El partido debería de haberse constituido en su momento como una verdadera fuerza política, con un equipo dirigente al frente, un portavoz cualificado, un comité de disciplina, una fundación de pensamiento verdaderamente operativa que oriente en temas estratégicos e ideológicos y una verdadero sucesor al frente que actúe como futuro reemplazo del máximo líder. Pero no, en su lugar se dejó llevar por el caudillismo y optó claramente por fundar un movimiento político a cuyo frente estaba el mismo caudillo de siempre. El problema de los caudillos es que la gente se cansa de ellos y acaba abandonándolos, dejando a esos movimientos huérfanos y al borde de la extinción, que es lo que está pasando al Centro Democrático.

 

El Centro Democrático ha conseguido en estas últimas elecciones regionales algo más de un millón de votantes, quedando por detrás de liberales, conservadores y Cambio Radical, aunque hay que tener en cuenta que apoyaba a algunas coaliciones que sí resultaron victoriosas pero sin perder de vista que en el partido de Uribe ha perdido las grandes capitales del país, tales como Baranquilla, Bogotá, Calí y Medellín -bastión histórico del uribismo donde el propio expresidente se inició como alcalde.

 

Algunos de los líderes del partido, a tenor de estos resultados exigen cambios y una verdadera autocrítica sin perjuicio de señalar las verdaderas responsabilidades acerca de lo que está pasando en aras de evitar males mayores, como una verdadera debacle en las elecciones del 2022 y que el presidente Duque tenga que ceder el bastón de mando a la izquierda, algo que causa temor e incertidumbre en el uribismo y otras fuerzas políticas. Rafael Loaiza, candidato que compitió frente a Duque en las primarias del Centro Democrático y “desterrado” del actual gobierno por razones que no vienen al caso, escribía en su cuenta de Twitter: “¡Recibimos una paliza¡ Muchas lecciones. Hay que construir la Gran Alianza Republicana para el 22, defender la democracia, la vida, la seguridad, la transparencia. ¡Construir un país sostenible, un país con justicia social, un país de propietarios! ¡Unidos tenemos futuro!”. Loaiza tiene razón, pero hacen falta más cosas, como una verdadera estrategia política con objetivos definidos y un equipo profesional al frente del partido y del gobierno.

 

¿Será el Centro Democrático capaz de iniciar un proceso de catarsis colectiva que enderece el rumbo de esta entidad?, tal como sugería recientemente el expresidente Uribe ante los suyos en un ejercicio de autocrítica poco corriente en el máximo líder. Para ello, desde luego, haría falta algo de masa crítica en el interior de esa formación que parece perdida en un viaje hacia ninguna parte y sin rumbo. Sin asumir lo ocurrido, tal como sugería Loaiza, no será posible la rectificación y un nueva hoja de ruta para el Centro Democrático. También Duque debería reflexionar, pero es un asunto que dejamos para otra ocasión.